jueves, julio 28, 2011

El invierno dolio menos.

Los dos ahí nerviosos, después de escucharse y ser cómplices de presenciar en carne propia lo peor del ser humano, lo más bajo, después de echarse cosas en cara casi a dúo. Estaban sin dudas bajo un combate de sensaciones, percibiendo que todo terminaría, igualmente, ellos no estaban tan mal, estaban algo felices, como explicarle a ella que él la extrañaría, y como ella podría intentar decirle a él, que realmente lo quería.
Ambos sabían que no serían el uno para el otro por sus evidentes y obvias diferencias, tal vez, tenían buen sexo, o una química efímera, puedo afirmar que desnudos y abrazados en la cama, no eran tan diferentes, más bien iguales.

Élla extrañará agarrarle la mano, sus caricias, los besos confortables en la mejilla, ¿A quién se los dará? ¿Por quién, inútilmente se preocupara?
 
De él no extrañara pocas cosas, quizás el malhumor, las ganas de putearlo, las peleas, por tantas cosas que él nunca comprenderá.

Se quedan esas cosas y muchas más, estancadas en el aire, flotando en sus cabezas, todo parece más lento en situaciones así, hay una certeza, la de saber que siempre se quisieron.



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